"...Cuando cayó la noche y volvía a su cama, un viejo trapo peludo, miró una flor y en ella vió reflejados los rasgados ojos de la golondrina. Febril, fué al lago a beber agua, y en el agua también encontró a la golondrina que le sonreía. Y la reconoció en cada hoja, en cada gota de rocío, en cada rayo del sol crepuscular, en cada sombra de la noche que llegaba. Después, la descubrió vestida de plata en la luna llena, para la cual maulló y maulló dolorido. Ya era muy tarde cuando consiguió dormir. Soñó con la golondrina. Era la primera vez que soñaba desde hacía ya muchos años."

"...voló cerca, sobre el gato manchado, y lo tocó levemente con su ala izquierda. El podía oír los latidos del pequeño corazón de la golondrina Sinhá. Ella comenzó a elevarse y desde lejos lo miró. Era el último día de verano." Jorge Amado

Tóxicos

Las personas tóxicas existen. Ellos mismos no se reconocen como tal, y aparecen mezclados en la sociedad de forma completamente aleatoria y aparentando normalidad. Puede ser tu jefe, tu madre, tu amiga, tu hermana e incluso tu pareja.

De manera consciente o inconsciente, sus allegados o conocidos les huyen. Otros padecen inocentemente su toxicidad sin saber hasta qué punto puede ser dañina.

Al hacer una clasificación vemos que hay dos grandes tipos de tóxicos, a cual más peligroso:

1. El envenenador
2. El vampiro

Es posible encontrar individuos que pertenecen a ambos grupos y su toxicidad se multiplica casi por infinito.

El envenenador:

Es aquella persona tóxica que destila un odio visceral y se regodea con la humillación del otro, el que avasalla al semejante, el que busca MANIPULAR con mentiras, el que agrede innecesariamente y desvaloriza al otro para sentirse bien él, el que daña con intención sin jamás pedir una disculpa, el que molesta con sus imposturas, el envidioso de todo lo ajeno y el que urde los problemas para acercar luego sus soluciones. 

Sus conductas se traducen en patologías, y la coexistencia con ellos resulta muy difícil, a veces, imposible.

Hay algunos rasgos de la personalidad que lo definen:

  • Son personas que escuchan poco y hacen uso del monólogo cuando aparentan comunicarse con los demás.
  • Son autorreferenciales, es decir, que siempre se ponen como referencia en todo lo que pasa: “Ha salido bien gracias a mi”, “Ya te lo decía yo”, “Seguro que me toca a mi” .
  • Son personas despreciativas, siempre están alerta, y no desaprovechan nunca la oportunidad de avergonzar a su interlocutor, disfrutando intensamente con ello aunque no lo parezca.
  • Es el tipo de persona que envía anónimos provocativos o insultantes, porque no se atreve a decir las cosas tranquilamente y cara a cara.

No suelen tener un objetivo único, atacan a quien se les acerca o se aproximan a quien les queda mas lejos. Un solo envenenador puede tener cientos de víctimas al mismo tiempo.

La buena noticia es que aunque puedan parecer simpáticos y atractivos a primera vista, son fáciles de detectar, porque ponen al descubierto su toxicidad continuamente y desarrollan una actividad casi frenética para “moldear” a los demás a su antojo.



El vampiro:

Es el tipo de persona tóxica que se alimenta de la energía de los demás, succionando hasta la última gota de vitalidad. Son más difíciles de detectar que los del tipo envenenador, ya que aparecen como pasivos y tratan de engancharse a las emociones de los demás inspirando compasión.

El objetivo de sus actividades suele ser fijo. Siempre toman una o, como mucho, dos personas para extraer lo que desean. Y lo que desean es tu tiempo, tu entusiasmo y tu motivación. Y sobre todo TODA TU ATENCIÓN.

Para tomar el control no dudan en hacerse las víctimas, en inspirar compasión.
A este tipo pertenecen los llorones, los que necesitan tu ayuda constantemente, pasivos, criticones y lastimeros. Producen un efecto secundario de culpabilidad, ya que las víctimas pueden tardar meses, o incluso años, en darse cuenta de su vampirismo, y durante todo ese tiempo sufren por no poder atenderles como creen que merecen.

Es necesario que las personas tóxicas pierdan el control, y la mejor solución es evitarlas o escapar de ellas. También podemos cortarles el acceso a nuestra intimidad. Si no queda mas remedio que convivir con ellas, en la familia o en el trabajo, hay que abstraerse mentalmente de su presencia y acciones. Y para ello hay que ser conscientes de su condición intoxicante.

Las personas tóxicas no valoran para nada las relaciones personales, y aunque aparenten lo contrario, para ellos/as, no tienen importancia. Una vez que te pierdan como víctima, encontrarán otra.

No sé si tienen cura. Quizá sí, pero se corre un grave riesgo al permanecer cerca demasiado tiempo sin protección.

Estos son algunos ejemplos de personalidades tóxicas de uno u otro grupo:

Tóxica envidiosa.

“He ido a la peluquería porque estaba aburrida de mi pelo rubio y rizado de toda la vida. Me lo tiñen de un color bastante más oscuro y me lo alisan. Estoy muy cambiada, pero me miro al espejo y me veo guapa. Llego a casa contenta. Mi marido dice que le encanta. Y a mi me encanta que le encante. Mas tarde, quedo con una amiga para comer en un restaurante. Llego la primera y la espero ya sentada en la mesa. Entra, me saluda con naturalidad y se sienta. Yo sonrío abiertamente. Ella no sonríe, sólo abre la carta y pide la comida. Casi no me mira. Habla de cosas sin importancia. Espero, con una interrogación en la cara. Ella sigue esquivando mi mirada. Come despacio y habla poco. Yo ataco la comida nerviosa, como si me fuera la vida en ello y con el signo de interrogación pintado en la frente. Cuando estamos acabando el postre, me mira directamente por fin. Y en un tono bajito, especial, como para no avergonzarme, musita: “…¡anda, te has cambiado el pelo!…” me muestra una sonrisa torcida y baja un poco más el tono de voz “…bueno, un poco más oscuro te hubiera quedado mejor…”. Yo no digo nada. No soy capaz. Una milésima de segundo después ella cambia de tono y de tema y yo hago como que la escucho. Pagamos y nos despedimos hasta la próxima.”

Tóxica es la “amiga” que no dice ni pío cuando te has cambiado el peinado como si fuera algo vergonzoso y estuvieras horrorosa. Y tú sabes que estás espectacular. Esta tóxica pertenece claramente al grupo de envenenadoras. No comas nunca más con ella cuando tengas la autoestima un poco baja.

Tóxico encendedor de mechas y pelota.

Tóxico es el compañero de trabajo que sabe que te llevas fatal con tu jefa y continuamente aparece para contarte lo que ha dicho de ti a tus espaldas y la pone de cabrona para arriba.
Con un ágil movimiento de cadera, se planta frente a tu mesa y con la actitud corporal de las porteras cotillas de toda la vida, te va explicando, en voz baja, lo que tu jefa piensa de ti y cómo te pone verde. Esto lo repite 10 o 15 veces durante toda la mañana, hasta que consigue que te sulfures y te ardan las orejas. Tú mesa está llena de papeles y de cosas sin terminar.
Haces una rápida valoración sobre la posibilidad de arrastrar a tu jefa de los pelos por todo el pasillo, pero te enfrías poco a poco cuando te imaginas despedida y sin tu mísero sueldo.
Después, en el comedor, ves desde lejos cómo se sienta a comer con tu jefa (que también es la suya), le retira la silla para que se siente, y le ríe las gracias.

Este tóxico también es del primer tipo: envenenador. Lo de pelota es un adorno. Lo mejor es huir en cuanto veas que se acerca. O ponerte los cascos con música para no escuchar nada de lo que te susurra.

Tóxica abusona “plaga de langosta”.

Es la persona que aparece en tu casa sin avisar, que te pilla con el pijama todavía puesto y los pelos de loca recién levantada. Te pide que le hagas un café. Se sienta y empieza a hablar.
Tú te sientes obligada a atenderla para no ser maleducada. Durante un tiempo que parece infinito, tú sigues de pie, quedándote helada con el pijamita, asintiendo con la cabeza a lo que ella dice. Pensando en que te tienes que duchar, que te tienes que vestir, que tienes que ir a por el pan.
Cuando ya no puedes más le dices “perdóname, Fulanita, pero tengo cosas que hacer…” pero Fulanita no te escucha o hace como que no te escucha. Dos horas después, por fin se marcha dedicándote una sonrisa envenenada y alegrándose de verte tan bien.

La mañana ha muerto. Estás hecha un asco y no tienes pan para comer.

Fulanita es del tipo dos, vampiro chupóptero. Después de que esta situación se repita varias veces lo mejor es mirar por la mirilla y hacer como que no estás en casa. Aunque queme el timbre.

Tóxica habladora-hipnotizadora.

Menganita es encantadora. Siempre que te ve, se acerca corriendo a saludarte. Corre mucho, y a ti no te da tiempo a escabullirte. Y cada vez que te encuentras con la simpática Menganita te sientes enferma y vagamente culpable, porque ¡es tan simpática y agradable!
Menganita habla de cosas que no te interesan y de personas que no conoces. Ella habla, habla, habla, habla, habla, habla, habla, habla, habla. Tú sonríes, sonríes, asientes, sonríes, asientes, dejas vagar tu mente por los confines del universo, asientes, te suenas la nariz. La miras. Sus ojos no son normales. Están fijos en los tuyos, pero en ellos ves como una espiral que gira y gira. El sonido de su voz cada vez es más monótono. Sientes que te estás adormeciendo. Y ella habla, habla y habla y habla y bla, bla bla, bla, aaaaaaaaa!.......
Ese instinto de supervivencia que todos tenemos hace que de pronto despiertes y mascullando torpemente una disculpa huyas apresuradamente. Has estado a punto de ser abducida.

Menganita es otro ejemplo del tipo dos, y además con efecto hipnotizador-sedante para que no te des cuenta cuando te clava los colmillos. Huye con cualquier pretexto, pero no te duermas.

Tóxica siempre enferma y valiente.

Este tipo de persona tóxica encuentra su hábitat perfecto por teléfono. Te llama con una periodicidad inquietante. A veces parece que marca en un calendario cuándo le toca hacerte esa llamada especial.

Empieza preguntando “¿cómo estás”, y sin dejar espacio para que contestes, empieza a relatar lo enferma que está ella y lo valiente y sufrida que es al afrontar sus innumerables problemas.
Es imposible meter baza, darle tu opinión, darle tu consuelo.
Esperas pacientemente a que haga una pausa para respirar para decir algo, pero no la hace. No respira, sólo se queja amargamente.
Y lo gracioso es que después es fácil escuchar como presume en público de que ella jamás se queja porque tiene mucha fortaleza.
Es fácil descubrir a esta persona tóxica: si eres tú la que haces la llamada cuando menos se lo espera, no reconocerás su voz al descolgar el teléfono. Su voz es normal, alegre y hasta dicharachera. Te das cuenta de que sólo utiliza ese tono quejumbroso cuando habla contigo. Porque tú eres su victima.

Tipo dos, vampira que te ha escogido a ti precisamente como victima. Pero no te sientas halagada por ello. Aparta ese teléfono de tu oreja y déjala que se desahogue. O mejor, haz como que se corta la llamada. Y no te sientas culpable.

Tóxica con una espantosa mala-leche.

Es esa persona cariñosa y amable que sabe que amas las golondrinas y te envía fotos de pájaros muertos. O sabe que ha fallecido tu madre y te muestra fotos de cementerios. O se entera de que un tema te daña y te habla continuamente de ello. Escarba hasta hacer sangre, la chupa y al mismo tiempo te inyecta veneno. Los comentarios que suelen acompañar a semejantes atrocidades son del tipo: “¡Fijate…qué penita!” o “…estaba pensando en ti cuando encontré esta foto tan interesante…” y también: “…¡mira qué curioso!”

¿Parece mentira tanta maldad? Pues doy fe de que es cierta. Este caso es una mezcla de los tipos uno y dos. Y si la envenenadora-vampira consigue hacer mella en ti (porque estás pasando un momento débil o doloroso que te pone a su merced), estará dispuesta a permanecer a tu lado para confortarte y acompañarte, como buena amiga que es.

Huye lo más rápido que puedas. No trates de enfrentarte a ella. Después, le dirá a todo el mundo que la culpable eres tú por no saber valorar su afecto y apoyo. Que no te importe. Es un precio muy pequeño por quitártela de encima.

Mentirosos

¿Que es la mentira?

La mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad sobre algo.

Es una forma de evitar circunstancias adversas. Es la creación de una vida paralela. Porque a veces, la realidad resulta tan insoportable que aparece la necesidad de adornarla o incluso transformarla del todo.

Cuando llega a convertirse en un hábito, supone un trastorno psicológico importante, que en la mayoría de las ocasiones esconde un trauma.

La mentira se apodera del individuo. El mentiroso más sensible acaba sufriendo por el hecho de mentir. El menos sensible acaba pagando las consecuencias más tarde, cuando se convierte ante los demás en persona poco fiable, indigna de confianza y carente de crédito. Y cuando esto ocurre, no es capaz de encontrar el hilo conductor y echa la culpa a los demás.

Desde que nacemos y nos comenzamos a relacionar con los demás, comenzamos a ser conscientes de las repercusiones que tiene nuestra conducta.

La mentira siempre es consecuencia del miedo:

Miedo a ser castigados (este lo compartimos con los animales).
Miedo a no ser comprendidos o a ser abandonados. Miedo a lo que piensen los demás de nosotros (estos miedos son exclusivamente humanos).

Existe también el miedo a dañar al otro y esto justifica la llamada mentira piadosa, y se considera menos reprobable que otros tipos de mentira porque lleva implícito un sentimiento caritativo (aunque a veces es más caritativa con el propio mentiroso que con el engañado).

También existe la mentira por omisión: no decir toda la verdad, callar. Este es un tipo asociado con la mentira piadosa, y por mucho que se empeñen sus defensores, sigue siendo mentir.

Y también existe la mentira útil: el fin justifica los medios.

La verdad es una y singular. No existen tantas verdades como personas aunque cada uno vivamos las circunstancias de forma personal. Aunque algunos se empeñen en hablar sobre “su verdad” para justificar sus actos (generalmente reprobables). Los más grandes embusteros emplean eso de “esta es mi verdad” casi continuamente, pero mienten. No existen verdades parciales, verdades en plural. Son simplemente versiones que se adaptan al gusto del consumidor.

En otro orden de cosas hay cuatro tipos de mentiras básicas:

1. La hecha en forma esporádica y espontánea. No suele generar conflictos graves. Todos la utilizamos alguna vez.

2. La evolutiva, que comienza en la niñez y es reforzada por los padres/madres. Se genera por traumas y complejos en la infancia (temores al fin y al cabo). Al comenzar tan tempranamente se asocia con un “exceso de imaginación”.

3. La que se dice como producto de un padecimiento sintomático: para obtener atención gracias a la creación de un falso personaje que nos da brillo y sirve para mejorar nuestra propia autoestima, inventando logros y consecuciones personales. Para obtener atención como resultado de provocar admiración o pena o compasión.

4. La efectuada como conducta repetitiva. Se llama Mitomanía, y se vive para y por la mentira. Produce graves trastornos en el mentiroso y su entorno, y requiere de atención psicológica.

¿Por qué mentimos?

En ocasiones la mentira proporciona cierto placer, y el mentiroso se siente de alguna forma más listo que los demás. El hecho de correr cierto riesgo de ser descubierto favorece la aparición de una elevación de adrenalina. Cada mentira se encadena a otra sucesiva.

La relación del mentiroso con la autoestima es fundamental. La falta de seguridad en las capacidades personales le lleva a caer en la tentación de adornar su historia y habilidades para causar una impresión más favorable en los demás. No sólo busca la aceptación social, sino también la admiración. Refleja un grado elevado de inmadurez y ambición.

El mentiroso genera continuamente hechos para reafirmarse en su mentira. Si imagina que es un gran literato o poeta, lo dice y además busca poemas, los copia, los parafrasea y los da a conocer diciendo que son suyos. Cuanto más ambiciosa sea la mentira, mayor será el esfuerzo, a veces titánico, para mantenerla y darle un soporte creíble. Y ese trabajo singular, puede conducir a que el mentiroso termine por creer, en cierta manera, su propia mentira vital.

Pero su afán por caer bien, por ser una persona especial con habilidades de primera magnitud, produce el efecto contrario al ser descubierto, ya que los demás se decepcionan y se sienten despreciados (nos ha tomado por tontos), generando una profunda desconfianza casi imposible de superar.

¿Cual es la cura del mentiroso?

La cura del mentiroso es sustituir la mentira por la búsqueda de la mejora de sus méritos verdaderos, mejorar su cultura y sus relaciones con persistencia y paciencia. Se trata de “jugar limpio”.

Dos casos realmente interesantes sobre mentirosos:

Enric Marco – Víctima en un campo de concentración.

Enric Marco Batlle , barcelonés de 91 años, ha contado durante 30 años su dramático pasado como víctima del nazismo en el campo de concentración de Flossenburg.

Su actividad pública comenzó en la transición. Se hacía llamar Enrique Marcos, militante de La CNT (Confederación General de Trabajadores), y llegó a ser Secretario General de esta organización sindical en Cataluña (1977) e incluso Secretario General de la Confederación en 1978-79.

No se trata pues de un mentiroso menor, sino de alguien que adquirió notoriedad, fama y que tuvo una espectacular difusión en los medios de comunicación.

Aunque sus afirmaciones sobre su paso por los campos nazis se remontan al menos a 1976, fue en el año 2000 cuando inició una actividad intensa como pretendido testigo y víctima del holocausto.

Y digo “pretendido” porque era mentira. Nunca pisó un campo de concentración. Según él mismo terminó por confesar, se lo inventó porque “así la gente me escuchaba más y mi trabajo divulgativo era más eficaz”.

Dio un gran número de charlas en centros de enseñanza, sobre su pretendida vivencia como superviviente de los campos nazis. Apareció en un buen número de programas de televisión presentando un dramático testimonio sobre su participación en la guerra civil española, el exilio republicano, la resistencia antinazi, la II guerra mundial y los campos de concentración nazis. Representó a las víctimas españolas de aquellos campos en numerosas conmemoraciones. Además de como testigo, se definía a sí mismo como historiador (lo cierto es que había cursado estudios de historia en la Universidad Autónoma de Barcelona).

Por si fuera poco, durante este tiempo, presidió la Asociación “Amical de Mauthausen”. Fundada en 1962 en Barcelona y en la clandestinidad, por antiguos deportados a los campos de concentración nazis, contaba con más de 900 socios entre supervivientes, viudas, hijos y simpatizantes en España y distintos países del mundo.

Una de las principales actividades de esta asociación es la labor educativa, de la cual cabe destacar las charlas en institutos y universidades y los viajes anuales con estudiantes a campos de concentración. Y aquí fue donde Enric Marco encontró el “caldo de cultivo” más propicio para contar sus mentirosas vivencias. Daba como mil charlas al año o más.

El gobierno de la Generalitat le entregó la “Creu de Sant Jordi” en 1995 y el Ayuntamiento de Barcelona la “Medalla de Honor” en 2001.

Este es un extracto de su emotivo discurso en recuerdo de las víctimas del nazismo en el Congreso de los Diputados:

"Cuando llegábamos a los campos de concentración en esos trenes infectos, para ganado, nos desnudaban, nos mordían sus perros, nos deslumbraban sus focos. Nosotros éramos personas normales, como ustedes.

Nos gritaban en alemán: ¡Linke-recht! . No entendíamos nada, y no entender una orden te podía costar la vida. Tengo la esperanza de que esta vez la lección sea aprendida por todos.

A los jóvenes, que no saben nada de la historia, les falta alguien que se la cuente.

Hay que recordar a esos niños, que no reían y tampoco lloraban, porque no tenían capacidad, siempre en la oscuridad, que eran como la simiente del diablo, según los nazis. Los destruían en cuanto tenían ocasión. Aquellos niños que las madres no podían salvar.

Cuando llegaba la primera selección, y nos ponían a los hombres a un lado y a los niños y a las mujeres a otro, las mujeres formaban un círculo y defendían a sus hijos con sus cuerpos y con los codos, lo único que tenían. Hay que recordar toda esa cosa tan turbia.

Aquellas noches en la barraca, en las cuales sentías un alarido, un grito de animal herido. Aquel hombre que durante el día todavía tenía cierto orgullo y dignidad para esconder sus debilidades, pero que en el momento de la noche se desataba.

No podemos repetir. No podemos ver más a esas madres con los críos en brazos muertos de hambre y las ubres vacías para darles leche. Tendremos que hacer alguna cosa que no sea lamentarnos, muchas cosas para que nuestra juventud no se vea captada por estas doctrinas que dicen que Hitler defendió Europa cuando le costó 50 millones de muertos.

Habrá que hacer alguna cosa para no ver en un inmigrante a un enemigo, porque todos fuimos inmigrantes. Habrá que rechazar la agresividad y la violencia venga de donde venga.

La Amical de Mauthausen se creó para tutelar a aquellos españoles sin patria. No fuimos a parar a los campos de concentración por azar, sino defendiendo cosas que creíamos que valían la pena. Defendíamos la igualdad de derechos y una España que nos parecía que en aquel momento se abría al progreso.

Todos los años, cuando desfilamos en Mauthausen, desde la tribuna se dice: ahora pasan los republicanos españoles, primeros defensores de la libertad y la democracia en Europa.

No tuvimos suerte. No tuvimos un gobierno que nos auxiliara, que nos quitara esos harapos y nos diera asistencia médica. Ni un país al que volver para explicar lo que contamos ahora, que lo teníamos que haber hecho hace 60 años, si nos hubieran dejado.

Francia nos dio asilo político. El pueblo judío, que sufrió tanto, pudo crear su propia patria. Nosotros no.

Qué se dice de los españoles que murieron en Francia sin poder volver a España. Va siendo hora de hacer justicia".

En 2005, un historiador, Benito Bermejo, que lleva años estudiando la vida de los republicanos españoles en los campos de concentración nazis, fue quien hizo saltar todas las alarmas. Investigó y advirtió que el nombre de su presidente no aparecía en los archivos de Flossenburg, lo que confirmaba sus sospechas de que la biografía de Marco no era real.

Conocía a Enric Marco desde hacía tres años, y siempre había sospechado que lo que contaba no era verdad. Le sorprendía la falta de pudor de Marco al recrearse en los aspectos más dolorosos de su estancia en el campo de concentración. Esto no era habitual en otras víctimas. Aunque su actividad como conferenciante era muy intensa, evitaba conversar “cara a cara” con otros supervivientes.

Encontró datos que no coincidían. “Relataba cosas extrañas que no se correspondían con la historia”.

Enric Marco contaba que trabajó en Barcelona de mecánico hasta la derrota republicana, momento en que se exilió a Francia para integrarse en la Resistencia. Contaba que fue detenido por la policía nazi y deportado a los campos de exterminio, de los que habría sido liberado en 1945. Desde ese momento, había seguido su lucha clandestina en La CNT.

La realidad es que Marco viajó a Alemania a finales de 1941 con una expedición de españoles que buscaban trabajo en aquellas tierras. Fue detenido en 1942 e ingresado en prisión durante un breve periodo, ya que volvió a España en 1943, mucho antes de la liberación de los campos nazis de 1945.

Una vez que Benito Bermejo puede comprobar sus sospechas, tras consultar los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, pone sobre aviso a la asociación, que hace a Marco volver de Austria, donde se encontraba para participar en un homenaje internacional a los deportados en Mauthausen.

Estaba previsto que tomara la palabra en nombre de los republicanos españoles, y la asociación, con gran consternación, le fuerza a volver a España y a presentar su dimisión.

Poco después, Enric Marco comienza a hacer declaraciones a los medios de comunicación. Explica que le hubiera gustado que “el asunto se hubiera desmontado más discretamente”. También dice que cuando supo que Benito Bermejo le estaba investigando pasó “los peores momentos de su vida”.

Dice que no mintió por maldad, que mantuvo la mentira porque “parecía que me prestaban mayor atención”. Y también que “sabía que tarde o temprano se descubriría la mentira, pero sólo esperaba ganar tiempo para retirarme”.



Alicia Esteve - Víctima del 11-S

Miles fueron los afectados directa e indirectamente del ataque a las torres gemelas del World Trade Center, y tras el atentado, un grupo de supervivientes sintió la necesidad de agruparse en una asociación llamada "Survivor's Network", en la que poder compartir experiencias y ayudar a otros en su misma situación.
Poco tiempo después de constituirse la asociación, se presentó una mujer llamada Tania Head. Tenía unos 30 años y decía ser una de las supervivientes del atentado del 11-S, y que se encontraba en la planta 78 de la torre sur. Su relato les pareció fascinante y desgarrador, hasta el punto de nombrarla presidenta y directora de la asociación, hasta Septiembre de 2007, cuando se descubrió el engaño.

Tania explicó con todo lujo de detalles cómo fue su traumática experiencia durante el atentado. Contó como, tras el impacto del avión en el edificio, la planta en la que se encontraba se llenó de combustible y todo empezó a arder. Mostraba uno de sus brazos lleno de cicatrices y quemaduras como consecuencia del desastre. "Nunca olvidaré lo que vi.", dijo en un acto universitario en 2006. Y añadió: "Había mucha muerte y destrucción, pero siempre vi esperanza".

Tania Head decía que era hija de diplomáticos (mentira), que había estudiado en las universidades de Standford y Harvard (desmentido por ambos centros), que en el momento del atentado trabajaba en las oficinas que Merrill Lynch tenía en la torre sur (desmentido por la empresa), que ese día pensaba casarse con su novio Dave, que murió en la torre norte (desmentido por la familia del teórico novio, afirmando que nunca habían oído hablar de Tania, y que la historia era imposible), que fue tratada en un hospital (nunca dijo en cuál), que un hombre, antes de morir, le dio su anillo de casado para que se lo entregara a su mujer (no se tienen datos), que su brazo quedó mal tras el atentado (desmentido por sus conocidos), que salvó su vida gracias al famoso “hombre del pañuelo rojo” (héroe real que salvó la vida a 18 personas antes de morir allí) porque le apagó las llamas del hombro.

Todos los elementos del relato hacían que Tania Head fuese la superviviente y afectada del atentado “perfecta”.

Parece que nadie de los muchos que escucharon su historia se atrevió a preguntar más detalles: "Creía que eran cosas demasiado privadas y dolorosas como para preguntárselo", explica la madre de una de las víctimas.

Día tras día su implicación fue mayor. Cada vez era más habitual verla en actos institucionales junto a importantes personalidades, entre ellos el alcalde de la ciudad de Nueva York, Rudolph Giuliani.

No ganaba dinero como presidenta de la asociación de supervivientes. Tampoco como guía de la “zona cero”. Y ofrecía su propio piso para reuniones de la asociación.

En 2006, para los actos de celebración del quinto aniversario de los atentados, el rostro de Tania Head era uno de los más populares de la ciudad y su historia fue la elegida para englobar la de todos los supervivientes de aquel fatídico 11 de Septiembre. Todos los medios de comunicación informaban sobre lo relacionado con el 11-S y la mujer que representaba el espíritu de superación de tan dramática experiencia.

Pero para un periodista del New York Times, había algo en la historia de Tania Head que no encajaba. Comenzó a indagar sobre su vida, a entrevistar a otros miembros de la asociación, a buscar en la hemeroteca del periódico. En la lista de supervivientes no aparecía el nombre de Tania Head por ningún lado.

Por fin, el 27 de septiembre de 2007, aparece en portada del New York Times un artículo en el que se destapa el falso testimonio de Tania Head sobre su presencia en el lugar del atentado y cómo jamás vivió lo relatado por ella.

Dos días después, el diario español La Vanguardia se hace eco de la noticia del New Yok Times y publica un extenso artículo sobre la verdadera identidad de Tania Head.

Tania Head es el nombre falso que adoptó Alicia Esteve, de nacionalidad española, después de los atentados del 11 de Septiembre de 2001.

Alicia Esteve, es una barcelonesa perteneciente a una rica y famosa saga de industriales de la alta sociedad catalana. Años atrás, su familia se había visto envuelta en un escándalo tras una multimillonaria estafa.

El mismo día que Tania Head dijo que estaba en un hospital de Nueva York recuperándose de sus heridas por las quemaduras sufridas en el atentado, Alicia Esteve se estaba matriculando en un curso de la prestigiosa escuela de negocios ESADE.

En su tiempo en el curso, jamás mencionó el atentado del 11-S, sin embargo, sus historias fantásticas sobre cómo se lesionó su brazo eran infinitas: a bordo de un Ferrari, montando a caballo en el Club de Polo de Barcelona…

Alicia Esteve vivía en Barcelona. Trabajó desde 1998 hasta 2000 en la empresa Hovisa. Era secretaria de uno de los directivos de la empresa y llevaba la facturación.

Sus compañeros de entonces la describen como una persona con aspiraciones profesionales y con ganas de ser centro de atención. “Era de carácter complicado y no hizo la vida fácil a nadie”, asegura una de las personas que trabajaba con ella en Hovisa.

Quienes la conocían coinciden en que le gustaba sobresalir, fantasear sobre su vida. Se contradecía con frecuencia y solía contar historias increíbles. Explicaba la minusvalía de su brazo contando como cuando era joven, conduciendo junto a su novio un Ferrari a 200 kilómetros por hora, tuvo un grave accidente y el brazo salió despedido. Decía que tuvieron que buscar el brazo y reimplantárselo. Constantemente hacía ostentación de la posición económica de su familia y como tenía un buen nivel de inglés, alardeaba de sus estudios en Harvard y Stanford. También presumía de tener un novio cirujano plástico en Estados Unidos.

Así es cómo se destapó la mentira de una persona que quiso fama y notoriedad y que, para ello, no dudó en engañar a toda una nación a costa de hacerse pasar por quien no era y decir vivir lo que jamás vivió ni sufrió.

La organización de supervivientes que presidía la destituyó fulminantemente. New York Times intentó varias veces entrevistarla, pero los encuentros concertados fueron cancelados hasta en tres ocasiones esgrimiendo motivos de privacidad y problemas emocionales. Nunca quiso defender su versión de los hechos ni aportar detalles. Su único comentario, por teléfono, fue: “no he hecho nada ilegal”.

Nada más se ha vuelto a saber de la farsante. Desapareció de la noche a la mañana y un día de 2008 los miembros de la asociación Survivor's Network recibieron un correo electrónico desde una dirección española en el que les decía que Tania Head se había suicidado, hipótesis a la que muy pocos han dado credibilidad, debido a su extenso historial de mentiras y engaños.



Favoritos: Bhab

Algunas veces pienso que la profesión de pintor está sobrevalorada...



Favoritos: Antonio López

Antonio López García (1936, Tomelloso, Ciudad Real) pintor y escultor español.

“Una obra nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades.”

Con estas palabras Antonio López resume su particular modo de acercamiento al objeto a pintar.

Sus cuadros se desarrollan a lo largo de varios años, décadas en ocasiones, con una plasmación lenta, meditada, destilando con cada pincelada la esencia del objeto o paisaje, hasta que el artista consigue plasmar la esencia del mismo en el lienzo.

El pintor busca entre la realidad que le rodea aquellos aspectos cotidianos, que él recoge con un tratamiento pleno de detallismo, rozando lo fotográfico. Sus preferencias van desde las vistas de Madrid hasta los retratos de sus familiares, pasando por los objetos más cotidianos y cercanos.

A lo largo de la mayor parte de su carrera artística, Antonio López ha desarrollado una obra independiente, en medio de un panorama artístico estructurado en base al informalismo y la abstracción.

Tengo la inmensa suerte de conocer a Antonio López. Cuando estudiaba Bellas Artes, iba de vez en cuando a charlar con nosotros. Era un placer inmenso.

También, durante aquellos años, le ví en numerosas ocasiones en la Gran Vía, pintando, tomando apuntes.

Hemos vuelto a coincidir una sola vez en los últimos años, por motivos personales, y tuve ocasión de saludarle. Es una persona tímida, humilde en el mejor sentido de la palabra. Una persona sabia.




















Las Monas

El hallazgo

En realidad, más que de un hallazgo se podría hablar de un redescubrimiento, de una obra que ha estado expuesta en el Museo del Prado desde siempre y que finalmente alguien decidió que fuera investigada.


Los beneficiarios de este sorprendente descubrimiento, son claramente, el Museo del Prado con sus expertos, y el Museo del Louvre. Ha habido incluso quien ha querido, para sonrisa de unos y cabreo monumental de otros, “colgarle la medalla” a nuestro nuevo Ministro de Cultura.

Así pues, la Gioconda del Museo del Prado estaba expuesta en una sala para disfrute de los miles de visitantes que recorren sus pasillos repletos de arte y de historia. Era un retrato de una mujer enormemente parecida a la Gioconda de Leonardo, pero con el fondo negro.

Se la consideraba una copia más, posterior al original de Leonardo, probablemente realizada en el siglo XVII, a la que no se le daba demasiada importancia.

Es importante señalar que existen, repartidas por museos de todo el mundo, casi 100 copias de la Gioconda de Leonardo, todas ellas, lógicamente posteriores al original, pintado a comienzos del siglo XVI (en torno a 1503).

El cuadro se descuelga de las paredes del Museo del Prado porque el Louvre está preparando, para el mes de Marzo de 2012, una gran exposición sobre otra pintura de Leonardo, “La Virgen y Santa Ana”, y quiere acompañarla de otras obras del maestro y algunas copias, y pide al Museo del Prado que se la preste. Esto es algo muy habitual entre museos.

Pero el Prado, que tiene taller propio de restauración y equipo de expertos, cosa que el Louvre no tiene (ya que recurre a expertos externos), decide pasarla antes por el taller y hacerle, “muy oportunamente”, una reflectografía de infrarrojos (especie de radiografía que muestra lo que puede estar oculto bajo las capas mas superficiales de pintura, los repintes, las correcciones hechas sobre la marcha o incluso imágenes de otro tipo que el artista decidió tapar), y descubren que debajo de la capa negra del fondo, hay un paisaje idéntico al de la Gioconda del Louvre.

Se procede a limpiar entonces este fondo negro, pintado al menos 250 años después, y comienza una investigación sobre la Gioconda madrileña que parece que no terminará en algunos años. Se comparan los hallazgos entre original y copia, y se encuentran similitudes y diferencias apasionantes.


Las medidas de ambas tablas son similares: 76x57 cm. la del Prado y 77x53 cm. la del Louvre.

Comparando las reflectografías de ambos cuadros descubren que hay las mismas correcciones, las mismas líneas rojas de corrección en la pintura subyacente en ambas obras. Es decir, que cuando en el retrato de Leonardo aparece, por ejemplo, la nueva disposición de un pliegue, esa misma corrección se aprecia en el de Madrid. Incluso se termina por deducir que ambos retratos, original y copia, se hicieron con el mismo cartón (medio utilizado para “pasar el dibujo” al lienzo o tabla definitivo).

Esto es lo que hace pensar que no es una copia más realizada a posteriori, sino que se trata de una copia hecha a la vez, con la modelo posando para el maestro y para un enigmático acompañante que pintaba a su lado.

Los grandes pintores del Renacimiento trabajaban tanto “a pie de obra”, como en sus talleres, donde tenían toda una corte de ayudantes.

Estos, les preparaban los colores, hacían el “trabajo sucio” de moler los pigmentos, e incluso a veces, si eran alumnos aventajados, se les permitía pintar en las partes de la obra “menos comprometidas” e incluso copiar la obra del maestro.

En realidad, era una especie de intercambio. Los ayudantes eran recibidos en los talleres cuando eran muy jóvenes, la mayoría adolescentes, trabajaban de acuerdo a sus capacidades, y obtenían el aprendizaje de los grandes maestros “de primera mano”.

El arte del Renacimiento, no es pues la obra de pintores solitarios que trabajaban individualmente en su taller, sino que, la mayoría de las veces, eran varias las manos que trabajaban en las pinturas que nos han llegado hoy como obras maestras de un solo pintor genial.

Se sabe que Leonardo tuvo varios de estos ayudantes, algunos bastante capaces, cuyas obras han llegado a nuestros días por mérito propio y se exhiben en Museos de todo el mundo.


Se sabe, también, que en ocasiones, el propio Leonardo hizo duplicados de algunas de sus obras, nunca exactamente iguales (“irrepetibilidad” de una obra: ni siquiera el mismo artista es capaz de repetir con exactitud una obra propia), como “La Virgen de las rocas”, de la que existen dos diferentes, una en el Louvre y otra en la National Gallery de Londres.

Otro dato importante a tener en cuenta es el soporte. Se pensaba que la madera sobre la que está pintada la Gioconda del Prado era de chopo, como la del Louvre, pero se descubre en los análisis que es de nogal, que es un tipo de madera mucho más noble y se utilizaba en Florencia en esa época.

Los materiales utilizados para el retrato de la dama del Prado son muy caros, no solo por la madera, sino también por el uso de lapislázuli y laca roja, que solo se usaban cuando se hacía una obra importante. Y que no se utilizaron en el retrato del Louvre.

Las diferencias entre ambas obras también saltan a la vista: la Gioconda del Louvre aparece sentada en una especie de sitial, que en la del Prado se convierte en un pliegue lateral. Quizá el rostro es más ancho, los ojos más juntos, el mentón menos puntiagudo.


Giorgio Vasari, el gran referente del renacimiento, cuando describe el retrato de la Gioconda, habla de cejas prominentes, que no tiene la dama de Paris y sí la de Madrid.

No se puede hablar del colorido comparado de ambas obras, ya que la Mona Lisa del Louvre, reposa entre múltiples capas de barniz amarilleado por el paso del tiempo. Los restauradores no se atreven a limpiarla, temen perderla. Tampoco se atreven a restaurar las innumerables grietas que presenta la pintura. Quizá algún día, si se llegan a atrever, salgan a la luz muchas cosas.


La diferencia fundamental entre ambas obras es la técnica del “esfumato” (suavizado o difuminado de los contornos, que produce un interesante efecto atmosférico, como de velo entre el espectador y la modelo), que Leonardo utilizó en la Gioconda del Louvre y que no aparece en la obra del Prado, mucho más caligráfica y con los contornos bien definidos.

Por último: se ha encontrado una huella en la Gioconda del Museo del Prado (Restauradora Almudena Sánchez) que corresponde al dorso de un dedo. En los cuadros y cuadernos de notas de Leonardo se han encontrado huellas hasta de 9 dedos, que han sido inventariadas en el Museo de Leonardo en Vinci, su pueblo natal. Leonardo a veces utilizaba las manos para corregir o difuminar algún trazo. Quizá haya que comparar, y esto pondrá en claro algunas situaciones o generará todavía más dudas.

Video de PradoMedia: Estudio técnico y restauración de La Gioconda, Taller de Leonardo

¿Quien? y otras preguntas

Esta es la primera pregunta que surge al comparar ambas obras.

Si la técnica del “esfumato” utilizada en la Gioconda del Louvre y que no existe en el cuadro del Prado, descarta a Leonardo como autor, quizá habría que pensar en alguno de sus ayudantes.

Estos serían tres candidatos:

Gian Giacomo Caprotti da Oreno, llamado Salaíno – fue discípulo (y hay quien dice que amante) de Leonardo. Sin embargo, dicen los expertos, que no concuerda por la calidad y factura de sus obras.

"Mona Vanna" de Salaíno


Francisco Yáñez de la Almedina, llamado también “el españoleto” (no confundir con el otro “españoleto” del barroco José de Ribera), pintor valenciano que trabajó durante algunos años en el taller de Leonardo.

En el Museo del Prado encontramos una de sus obras, “Santa Catalina”, de rostro “leonardesco”.

"Santa Catalina" de Francisco Yañez de la Almedina


Por el momento se le descarta, porque cuando se supone que Leonardo pintó a la Gioconda, Yañez llevaba ya dos años trabajando para la catedral de Valencia y no podía estar en dos sitios a la vez.

Francesco Melzi, discípulo de Leonardo y alumno favorito. Quizá es el mejor candidato para el Museo del Prado. Heredero de los cuadernos (25.000 páginas manuscritas) y pinturas de Leonardo hasta 50 años después de la muerte del maestro.

"Flora" de Francesco Melzi


Cuando murió Melzi, su hijo Horacio entra en contacto con Pompeo Leoni (escultor en el Monasterio de El Escorial) y le vende un material no inventariado que se supone adquirido para impresionar a Felipe II.

Ni siquiera se lo llegó a mostrar porque Felipe II estaba muy enfermo. Existen dos códices de Leonardo en la Biblioteca Nacional de Madrid, que quizá formaban parte del mismo lote que La Gioconda del Museo del Prado. Quizá se pensó que esta era la autentica Gioconda de Leonardo.

¿Y porqué el fondo negro?

Dicen que a Leonardo le gustaba poner sus fondos en negro, como a otro famoso retrato llamado “La dama del armiño” . Pero se sabe, por las radiografías, que debajo del fondo negro de “La dama del armiño” se esconde un paisaje y una ventana.
Quizá tarde o temprano habría que remover ese fondo y averiguar algo más...

"La Dama del Armiño" de Leonardo da Vinci


La Gioconda de Madrid estará en la sala 49 del Museo del Prado hasta el 12 de marzo. Luego viajará a Paris para ser expuesta en el Museo del Louvre hasta el 25 de Junio.

No se sabe si la van a colgar al lado para comparar o qué “efecto mediático” se buscará para ella.

La importancia

En las notas de Leonardo (que era muy dado a escribirlo todo detalladamente), no hay nada escrito sobre la Gioconda. Tampoco se sabe nada del contrato con Francesco del Giocondo para la realización del retrato de su esposa. No se sabe si pagó por adelantado o pidió una copia del taller. No hay bocetos de la Gioconda hechos por el propio Leonardo. Tan sólo, en un cuaderno de 1508, aparecen unas montañas esbozadas que concuerdan con el paisaje rocoso que aparece detrás de la Gioconda.

Se sabe que es una tabla que pinta en sus últimos años de vida porque necesitaba dinero, y que después de cuatro años trabajando en ella no llegó a terminarla. En vez de entregarla a quien se la encargó, se la llevó consigo a Francia, donde murió en 1519.

No sabemos si en realidad, lo que entregó a Francesco del Giocondo, fue “el otro retrato”, el que hizo uno de sus ayudantes. El que llegó a la España de Felipe II con otro material y terminó en los almacenes del Museo del Prado para exhibirse posteriormente y ser redescubierto.

También se sabe que Leonardo estuvo fascinado con su Gioconda hasta el final: lo retocaba, le volvía a dar barniz…no era un cuadro más. Quizá era una obra experimental, como tantas obras del maestro renacentista, como “La última cena” de Santa Maria delle Grazie, mural siempre a punto de desprenderse, o como cualquiera de sus inventos.

Quizá lo que lo hacía especial era la entonces novedosa técnica del esfumato. Ese marcado carácter experimental de la obra de Leonardo es precisamente lo que “acobarda” a los conservadores, lo que les impide tocarla o restaurarla. Ni siquiera para reparar el medio millón de grietas que la surcan. Un temor casi reverencial a dañarla más o variarla.

Y mientras tanto, se ha convertido en un icono de la historia, absolutamente idealizado y que suscita todo tipo de controversias.

La Historia: Lisa Gherardini

Se ha dicho de todo sobre la identidad de la mujer pintada por Leonardo.

Hay quien dijo que la modelo pudo ser una amante del propio Leonardo, un adolescente vestido de mujer que también era amante del maestro, un autorretrato del autor en versión femenina, un retrato idealizado de Catarina, madre de Leonardo, la Diosa madre Isis, una representación de la Virgen, o incluso, una mujer imaginaria.

Si hay algo confirmado es que la Gioconda o Mona Lisa era una mujer llamada Lisa Gherardini, esposa de un poderoso mercader de Florencia llamado Francesco del Giocondo.

Su identidad fue confirmada por un grupo de académicos de la Universidad de Heidelberg. Los expertos, también aseguran, basándose en unas notas de Agostino Vespucci, trabajador del ayuntamiento de Florencia, que fue esta Lisa Gherardini, y no otra, la que sirvió de modelo a Leonardo.

En estas notas, halladas en el margen de un libro de la colección de la biblioteca universitaria alemana, y que datan de octubre de 1503, el oficial Vespucci, que era un amigo cercano a Leonardo da Vinci, establece: “Leonardo se encuentra trabajando en tres obras pictóricas, incluyendo el retrato de Lisa Gherardini”.

Posteriormente, el pintor y biógrafo Giorgio Vasari también escribió en 1550 sobre Leonardo y el cuadro: “…hizo para Francesco del Giocondo el retrato de su mujer Mona Lisa y, a pesar de dedicarle los esfuerzos de cuatro años, lo dejó inacabado. Esta obra la tiene hoy el rey Francisco de Francia en Fontainebleau”.

La Gioconda no es sino un apodo para referirse al apellido de su marido, que traducido del italiano al castellano significa “alegre, juguetona”. En cuanto a lo de “Mona” se supone que es una contracción de “Madonna”, apelativo para referirse a “Señora” (como las vírgenes del Renacimiento).

El caso es que se saben algunos datos biográficos sobre Lisa Gherardini, pero muy pocos detalles sobre cómo fue su vida en realidad.


Nació el 15 de junio de 1479 y murió el 15 de julio de 1542, a los 63 años, en el convento de Santa Úrsula de Florencia.

Según el historiador Pallanti, Lisa ingresó en el convento cuatro años después de quedar viuda.

La familia de Lisa, los Gherardini, pertenecían a la aristocracia y tenían un linaje antiguo, pero con el tiempo habían perdido toda su influencia. No eran ricos, aunque mantenían un nivel acomodado, y subsistían de una renta agraria.

El padre de Lisa Gherardini tuvo dos esposas, que murieron de parto, y la madre de Lisa fue su tercera esposa, Lucrezia del Caccia.

Lisa nació en Florencia, y la llamaron Lisa Camila. Fue la mayor de siete hijos. Se mudaron de casa varias veces, y al final fueron a vivir cerca de la basílica de Santa Cruz, donde también vivía Piero Da Vinci, el padre de Leonardo. Por tanto, se supone que durante algunos años, pintor y modelo fueron vecinos.

El 5 de marzo de 1495, con sólo quince años, Lisa contrajo matrimonio con Francesco di Bartolomeo del Giocondo, convirtiéndose en su segunda esposa. Su marido era mercader de textiles y seda. Su dote fue modesta, (170 florines y una granja), lo que da pie a conjeturar que los Gherardini no eran ricos en ese momento.
No sabemos qué sintió la joven Lisa al casarse con un hombre bastante mayor que ella, aunque esto era lo habitual en la época.

Se cree que Leonardo empezó a pintar el retrato de Lisa en 1503.

Lisa y Francesco tuvieron 5 hijos, nacidos entre 1496 y 1507, con lo que es posible que el retrato se hiciera cuando estaba embarazada de alguno de sus hijos o acababa de estarlo (se ha especulado mucho sobre el embarazo de la mujer del retrato).

Francesco, el marido de Lisa, prosperó e incluso ejerció cargos gubernamentales en Florencia. Posiblemente mantuvo vínculos políticos y comerciales con la familia Médici, por lo que en 1512 el gobierno de Florencia, que temía el regreso de los Médici del exilio, encarceló a Francesco con una multa de 1.000 florines. En septiembre, fue liberado, una vez que los Médici regresaron.

Murió a causa de la peste en 1538 o 1539. Parece ser que amó a Lisa, ya que en su testamento le devolvió la dote, le entregó su ropa personal y joyas y le aprovisionó con los bienes necesarios para su futuro:

“…Dado el afecto y amor del testador hacia Mona Lisa, su querida esposa; en consideración del hecho que Lisa siempre ha actuado como una esposa fiel y con espíritu noble (mujer ingenua), deseando que ella posea todo lo que necesite…” (Testamento de Francesco di Bartolomeo del Giocondo, 29 de Enero de 1537)

Lisa también cayó enferma, y fue llevada por una de sus hijas al convento de Santa Úrsula, donde se cree que falleció cuatro años después, con 63 años.

Curiosidades.

Autopsia futurista.

En Octubre de 2004, y aprovechando que se debía cambiar a La Gioconda de vitrina, 39 especialistas de todo el mundo realizan un estudio sobre el famoso retrato de Leonardo por medio de un escáner de digitalización multiespectral en tres dimensiones y alta definición, cuya resolución es 20 veces más fina que un cabello humano. La Nasa ya había empleado este sistema para analizar el estado de la cubierta de la nave Atlantis.

Aunque el Director del Louvre, Henry Loyrette, no estaba de acuerdo en un principio, termina por ceder a esta especie de autopsia futurista, ya que la técnica no produce ningún daño a la pintura al no entrar en contacto directo con ella, y es posible llevar a cabo el procedimiento en apenas dos noches.

El resultado de los trabajos apareció en las librerías a iniciativa del Louvre con el título: “En el corazón de La Gioconda. Leonardo da Vinci decodificado”.

Estas son algunas conclusiones:

“Su ligero estrabismo, un suave bigote, el pelo recogido y restos de una gasa enganchada al cuello de la camisa, empleada entonces para celebrar el nacimiento de un niño, son los nuevos datos que alimentan una visión inédita sobre la misteriosa Mona Lisa.” Rubén Amón

” ¿Cómo entonces una mujer de clase noble podía llevar el pelo suelto a imagen y semejanza de las meretrices? Si observamos la obra con detenimiento nos daremos cuenta de que la melena no cae libremente sobre los hombros. Existe una especie de sujeción posterior cuya acción también explica el hecho de que aparezcan a los lados del rostro sendas cascadas de cabello rizado”. Profesor Bruno Mottin

“El cuadro fue pintado para conmemorar el nacimiento del segundo hijo de Mona Lisa”. “Tenemos delante una mujer que acaba de dar a luz, que se gira hacia nosotros, fija los ojos sin despegarse y sonríe ligeramente, intrigantemente, misteriosamente...”. Profesora Cécile Scaillérez

Desenterrando a Lisa.

En la primavera de 2011, un antropólogo de la Universidad de Florencia llamado Giorgio Gruppioni (que ya había saltado a la palestra unos meses antes por intentar reconstruir el rostro de Dante a partir de un cráneo encontrado en un sepulcro), acompañado de un tal Silvano Vicenti, manifiestan su intención de desenterrar los restos de Lisa Gherardini en el convento de Santa Úrsula.

Mediante un procedimiento basado en el Georadar, buscan en el suelo del convento el sepulcro de la Gioconda. Parece ser que en Mayo encuentran un cuerpo muy dañado enterrado bajo las losas.

Pretenden extraer los huesos, hacer análisis de carbono 14, comparar el ADN con el de sus hijos mayores Bartolomeo y Piero, (cuyas tumbas están en la iglesia de Santa Maria Annunciata) e incluso hacer una reconstrucción facial mediante ordenador.

No se ha vuelto a saber nada de esta más que polémica iniciativa. Quizá los anunciados análisis de carbono 14 no han arrojado conclusiones convincentes.



El robo.

El 21 de Agosto de 1911 a las 7 de la mañana, un ex empleado del Museo del Louvre llamado Vincenzo Perugia, vestido con una gabardina blanca como la que usaba el personal del museo, descolgó el cuadro, retiró el marco, y salió con la tabla escondida bajo su ropa.

Cuando se descubrió el robo, el museo cerró durante una semana para investigar el desgraciado suceso.

Durante las investigaciones se detuvo a importantes personalidades del mundo de la cultura y el arte, como al escritor Guillaume Apollinaire, que había propuesto unos meses antes la quema del museo alegando que allí “se encarcelaba el arte”. Otro ilustre detenido fue Pablo Picasso, que tenía antecedentes por comprar objetos de arte robados. Ambos fueron declarados inocentes y puestos en libertad al no encontrarse pruebas en su contra.

La pared del Louvre sin Lisa 


Durante los dos años y ciento once días que el cuadro estuvo desaparecido, los visitantes seguían acudiendo al Museo a contemplar el hueco vacío en la pared.

Por fin, encontraron el cuadro porque Vincenzo Perugia intentó venderlo en Italia al mismísimo director de la Galleria degli Uffizi, alegando que quería devolver la obra a su verdadera patria.

Antes de volver al Louvre, y aprovechando la coyuntura, el cuadro se exhibió en Florencia, Roma y Milán.

Tras aquel robo, y durante muchos años, corrió el rumor de que La Gioconda no es más que una falsificación y que el original se perdió.

Aburrida tarde de Domingo...

Tomo prestada esta idea, que me parece divertida, de una entrada de Junio de 2010 en “Mi mesa cojea”, Blog que me parece muy interesante y que recomiendo.

Lo llama "El Cojoscopio" y está basado en la tecnología de los buscadores, que para ayudarnos a encontrar lo que necesitamos, sugiere una serie de resultados probables, completando las palabras o frases que escribamos.
Se supone que sirve para “tomar la temperatura política y social a nuestro país”. A mi me interesa más lo social, e incluso lo emocional.

Bueno, voy a hacer mis pruebas. Se puede utilizar Yahoo o Google, pero este último es mejor.

Estas son mis propias capturas de pantalla:

Esta primera es facilíta. Me sorprende un poco tanta insistencia con lo laico. ¿Qué será pal o ntsc?:


Lo que el pueblo desea. Totalmente de acuerdo con lo último:


Sufrido y considerado. Qué poca pasión. Qué cortas expectativas.


A mi tampoco me gusta que a los toros. Ni la Navidad.


Esta me deja preocupada. ¿Es posible que haya tanto masoca?

Otra preocupante. Bancos, desamores y enfermedades terribles. Si estos son nuestros pensamientos estamos apañados:


...Y seguimos fatal. ¿Es que a nadie le apetece la tapita de jamón y las coquinas?

En esta estoy de acuerdo en todo. Incluso si me da un beso la Niña Pastori me parece bien.

Y la última:

De momento, menos el arma y la droga, lo demás estupendo.

Jugando


Después de la última entrada, tan correosa y difícil de digerir, un poco de paz con estos delfines jugando en el SeaWorld de Orlando. A pesar de todo, todavía pasan cosas hermosas en nuestro planeta.